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El Absolutismo centralista borbónicoLos Borbones españoles de la primera mitad del siglo XVIII (Felipe V y Fernando VII) siguieron el ejemplo de sus parientes franceses e implantaron el modelo de absolutismo centralista francés. Todos los poderes residían en el monarca. Las Cortes o Parlamentos quedaron casi anulados y sólo se reunían a petición del monarca o para jurar al heredero. Para gobernar, el rey se ayudaba de asesores o secretarios. Los secretarios, semejantes a los actuales ministros, eran nombrados directamente por el rey a quienes destituía a su voluntad. Continuaron existiendo los Consejos, especialmente el de Castilla, pero su función era meramente consultiva. Con todos los poderes residiendo sobre él, el monarca solo se veía frenado por enfermedades o la vejez. Además de centralizar todo el poder en sus manos, los Borbones tendieron a unificar todo el territorio, imponiendo leyes únicas e idéntica administración. Anularon todos los fueros e instituciones de la Corona de Aragón y con los Decretos de Nueva Planta, impusieron el modelo castellano en todos los territorios de la Corona. Además, dividieron el territorio en provincias, a cuyo frente colocaron un capitán general con poder militar y administrativo que ejercía como gobernador. En cada provincia crearon audiencias para la administración de justicia e implantaron corregidores para el gobierno de las comarcas e intendentes para la recaudación de impuestos. Los territorios de América fueron una preocupación esencial para los Borbones. La nueva dinastía reorganizó el gobierno de las colonias y dedicó mayor atención al comercio americano. Se rehizo la flota de guerra española, se fortifizaron algunas poblaciones costeras americanas y se mejoraron los puertos con la intención de resistir el posible asalto de barcos ingleses.
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