Revolución es el cambio o transformación radical y profundo respecto al pasado inmediato. Se puede producir en varios ámbitos al mismo tiempo, tales como económicos, culturales, religiosos, políticos, sociales, militares, etc. Los cambios revolucionarios, además de radicales y profundos, y sobre todo traer consecuencias trascendentales, han de percibirse como súbitos y violentos, como una ruptura del orden establecido o una discontinuidad evidente con el estado anterior de las cosas, que afecte de forma decisiva a las estructuras. Si no es así, debería hablarse mejor de una evolución, de una transición o de una crisis. Si lo que falta es su carácter trascendental, debería hablarse mejor de una revuelta. Las revoluciones son consecuencia de procesos históricos y de construcciones colectivas, para que una revolución exista es necesario que haya una nueva unión de intereses frente a una vieja unión de estos.
Pueden valer para ejemplificarlas las tres grandes revoluciones que surgen y se desarrollan entre los siglos XVIII y XIX, marcando el fin de la Edad Moderna y el comienzo de la Edad Contemporánea.
La revolución burguesa entendida como la sustitución como clase dominante del estamento privilegiado (formado por nobleza y clero) por la burguesía, con el cambio de relaciones, comportamientos, actitudes y valores sociales que se identifican con una u otra; permite hablar de una nueva sociedad de clases. No obstante, la historiografía suele utilizar más comúnmente el término Revoluciones burguesas para referirse, incluso en su aspecto estrictamente político (a pesar de la impropiedad), a las que hemos llamado revoluciones liberales, es decir, a todos los los procesos revolucionarios (como la misma revolución francesa) en los que esta clase social es impulsora.
La revolución industrial tiene un carácter esencialmente económico, la transformación respecto de la época precedente (la preindustrial) con el uso de nuevas técnicas, fuentes de energía, invención de maquinarias, innovadores medios de transporte, aumento de la capacidad productiva con la sustitución de los talleres artesanales por las fábricas, etc
Es necesario indicar que estos dos últimos procesos, pese a ser de duración secular, fueron claramente percibidos por sus contemporáneos como súbitos y violentos, como lo prueban, entre otros extremos, la resistencia y los conflictos que generó la aparición del maquinismo (la destrucción de máquinas o luddismo). Es de imposible solución el debate (en el que puede destacarse el aporte de E. P. Thompson) sobre si la revolución industrial inglesa costó más muertes y sufrimientos que la revolución liberal francesa.
Justificado este uso, se entiende que por extensión se aplique el término revolución a la Revolución Neolítica y la Revolución Urbana (definidos por Vere Gordon Childe), procesos ya no seculares sino milenarios, pero que presentan claras analogías con los del XVIII y XIX en cuanto a la transformación radical (y sin duda violenta) de las formas de vida de la humanidad. De una forma similar, Earl J. Hamilton acuñó el concepto de Revolución de los precios para los cambios económicos del siglo XVI, ligados a la inflación consecuente a la llegada a Europa de metales preciosos de América.[1]
Por otro lado, se han propuesto distintos tipos de periodizaciones y agrupaciones de revoluciones por sus similitudes o proximidades en el espacio o en el tiempo (ciclos revolucionarios).
Ciclo de las primeras revoluciones liberales, que comprende la Independencia del continente americano y los procesos revolucionarios en Francia, España y Portugal.
Independencia de Uruguay. De carácter liberal al comienzo, en su apogeo y final cuestionó la propiedad privada (reforma agraria y económica iniciada por José Artigas: los infelices serán los más privilegiados).
Oleada revolucionaria en casi toda Europa, con mayor presencia del movimiento obrero y un fuerte componente nacionalista (Primavera de las naciones o de los pueblos).
Derrocamiento del Zar y sustitución por un gobierno con elementos liberales y del movimiento obrero (Kerenski), que mantiene a Rusia en el bando aliado de la Primera Guerra Mundial.
Revolución protagonizada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (reforma agraria, nacionalización de las minas, voto universal y eliminación del pongueaje -trabajo gratuito en los latifundios-).
Derrocamiento de la dictadura conservadora portuguesa por parte del ejército y distintos partidos políticos, con presencia mayoritaria de la izquierda.
Tras la revolución liberal de febrero y la coyuntura catastrófica de Rusia en la Primera Guerra Mundial, los bolcheviques de Lenin toman el poder apoyados en los soviets. Se formará la URSS (1921).
Movimiento guerrillero victorioso contra el dictador Fulgencio Batista, de carácter inicialmente independentista, que contará con amplio apoyo campesino y coincidirá con importates revueltas estudiantiles en los núcleos urbanos. Tras sucesivas expropiaciones obreras y populares de las empresas y negocios estadounidenses en Cuba, y tras la aprobación del INRA y la reforma agraria, bajo liderazgo del Che Guevara, y ante la creciente presión de los Estados Unidos, que desembocará en el Embargo, el gobierno revolucionario de Fidel Castro termina por acercarse a la Unión Soviética y emprender reformas encaminadas a implantar un modelo de estado afín, conforme a la definición ideológica del marxismo-leninismo oficial pro-soviético (con tintes estalinistas, en su variante castrista).
Revolución de estudiantes, campesinos y obreros contra el gobierno, el aparato de Estado y el sistema unipartidistaestalinista de la República Popular de Hungría, así como contra el control político y la presencia militar de la Unión Soviética. Defendía su propia vía al socialismo, basada en el autogobierno del país, la democracia social y los consejos populares y obreros, y la mayor libertad política y de partidos. Se organizó en consejos revolucionarios locales y en milicias, llegando a arrebatar el control municipal al Partido Comunista, a instituir un gobierno "Revolucionario, Obrero y Campesino", liderado por Imre Nagy, que los reconoció como "órganos locales democráticos formados durante la Revolución"[2] , a instituir la pluralidad de partidos y disolver la policía política húngara (a menudo por la fuerza), anunciando además la retirada del Pacto de Varsovia, y a instaurar, mediante consejos obreros, el control obrero de la producción en minas y fábricas. Fue suprimida por las tropas de la URSS tras la entrada de un importante contigente soviético y la muerte de millares de civiles.
Movimientos sociales como el sindicato Solidarnosc y la iglesia católica (el papa era el polaco Juan Pablo II) consiguen que el partido comunista y los militares (General Jaruzeslki) introduzcan reformas políticas y económicas.
La postura neutral de Gorbachov permite la reunificación alemana (3 de octubre de 1990), la secesión de los países bálticos y las caídas de los regímenes estalinistas en Europa oriental.
El régimen estalinista más aislado (había repudiado como "revisionistas" a sus sucesivos aliados: la Unión Soviética y China) terminó con una salida migratoria masiva, una convocatoria electoral multipartidista y un amplio movimiento huelguístico.
Caída de Milosevic por la oposición interna, tras la derrota de Serbia en la guerra de Yugoslavia, con la intervención de la OTAN. Posteriormente Montenegro tuvo una secesión pacífica. Quedan pendientes situaciones conflictivas en Bosnia-Herzegovina y Kosovo, con presencia militar internacional.
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